jueves, 13 de mayo de 2010

Miguel Hidalgo y Costilla


Miguel Hidalgo y Costilla; San Diego Corralejo, Guanajuato, 1753 - Chihuahua, 1811) Patriota mexicano conocido también con el sobrenombre de El cura Hidalgo. Considerado como el padre de la patria mexicana, fue el iniciador de la lucha por la independencia.

Hijo segundo de don Cristóbal Hidalgo y Costilla, administrador de la hacienda de San Diego Corralejo, y de doña Ana María Gallaga Mandarte, tuvo tres hermanos. A los 12 años marchó a la ciudad mexicana de Valladolid (actual Morelia), donde realizó sus estudios en el Colegio de San Nicolás. Ya bachiller en 1770, marchó a al ciudad de México para cursar estudios superiores.
En 1773 se graduó como bachiller en filosofía y teología, y obtuvo por oposición una cátedra en el mismo Colegio de San Nicolás. Durante los años siguientes realizó una brillante carrera académica que culminó en 1790, cuando fue nombrado rector del Colegio de San Nicolás. En 1778 fue ordenado sacerdote; al recibir las órdenes sagradas ocupó varias parroquias, hasta que a la muerte de su hermano Joaquín, en 1803, lo sustituyó como cura de Dolores, en Guanajuato.
Hombre muy culto y profundo conocedor de las ideas de la Ilustración, las puso en práctica entre sus feligreses, en su mayoría indígenas, en el intento de mejorar sus condiciones económicas y de vida. Para ello les enseñó a cultivar viñedos, criar abejas y dirigir pequeñas industrias, lo que le valió el apoyo incondicional de sus feligreses.
En 1808, la invasión a España por las tropas napoleónicas y la consiguiente deposición de su monarca Carlos IV, y de su hijo Fernando VII, generaron gran oposición tanto en España como en América. Surgieron entonces numerosos grupos de intelectuales que discutían en torno a los problemas de la soberanía y la forma de gobernarse. En 1809 Hidalgo se unió a una de esas sociedades secretas, formada en Valladolid, cuyo fin era reunir un congreso para gobernar el Virreinato de Nueva España en nombre del rey Fernando VII, que en ese momento se encontraba preso de Napoleón, y en último caso lograr la independencia.
Los conjurados planeaban levantarse en armas contra el virrey de Nueva España el primero de octubre de 1810, pero fueron descubiertos a mediados de septiembre. Hidalgo y algunos otros conspiradores lograron ponerse a salvo gracias al aviso de Josefa Ortiz de Domínguez y se trasladaron a Querétaro, donde Hidalgo se reunió con Ignacio Allende.
El 16 de septiembre de 1810, Hidalgo enarboló un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, en el que se podía leer: "Viva la religión. Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno". Hidalgo lanzaba así el llamado Grito de Dolores, que supuso el inicio de la revuelta; junto con Allende, consiguió reunir un ejército formado por más de 40.000 miembros.

El 21 de septiembre, el ejército de Hidalgo y Allende capturó Celaya, por lo que Hidalgo fue nombrado capitán general del Ejército Libertador e Ignacio Allende fue ascendido a teniente general. El obispo electo de Michoacán publicó un edicto el 24 de septiembre en el que eran excomulgados Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo. Seguidamente tomó las ciudades de Salamanca, Irapuato y Silao, hasta llegar a Guanajuato.
El 17 de noviembre Hidalgo se encaminó hacia Valladolid con siete mil hombres de caballería y doscientos cuarenta infantes, todos mal armados, entrando el 26 en Guadalajara, pero no logró llegar a la ciudad de México. En Guadalajara, Hidalgo expidió una declaración de independencia y formó un gobierno provisional; además decretó la abolición de la esclavitud, la supresión de los tributos pagados por los indígenas a la Corona y la restitución de las tierras usurpadas por las haciendas. A finales de año había perdido ya Guanajuato y Valladolid.
El 11 de enero de 1811 fue derrotado cerca de Guadalajara por un contingente de soldados realistas. Hidalgo huyó hacia Aguascalientes y Zacatecas, con la intención de llegar a Estados Unidos para buscar apoyos a su causa, pero fue traicionado por Ignacio Elizondo y capturado en las Norias de Acatita de Baján el 21 de mayo de 1811. Conducido a Chihuahua, Hidalgo fue juzgado en consejo de guerra y condenado a muerte. Lo degradaron como sacerdote y lo fusilaron en la mañana del 30 de julio de 1811. Su cabeza, junto con la de Allende y otros insurgentes, se exhibió como castigo en la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato.

El gobierno virreinal estaba convencido de que con la muerte de los caudillos, fusilados en Chihuahua, acabaría el movimiento insurgente, pero no fue así; con la ayuda del pueblo, Ignacio López Rayón, lugarteniente de Hidalgo, retomó la lucha desde su refugio en Saltillo, al tiempo que en el sur del virreinato se había producido la sublevación de José María Morelos, seguidor de las ideas de Hidalgo. En 1821, el levantamiento obtuvo sus frutos y México logró su independencia de España.
Tras el establecimiento de la República Mexicana, en 1824, Hidalgo fue reconocido como primer insurgente y padre de la patria. El estado de Hidalgo lleva su nombre y la ciudad de Dolores pasó a llamarse Dolores Hidalgo en su honor. El 16 de septiembre, día en que proclamó su rebelión, se celebra en México el Día de la Independencia. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia, en la ciudad de México.

martes, 11 de mayo de 2010

invacion francesa a españa.


Llegar los cuerpos de ejército a la Puerta del Sol y comenzar el ataque, fueron sucesos ocurridos en un mismo instante. Yo creo que los franceses, a pesar de su superioridad numérica y material, estaban más aturdidos que los españoles; así es que en vez de comenzar poniendo en juego la caballería, hicieron uso de la metralla desde los primeros momentos. La lucha, mejor dicho, la carnicería era espantosa en la Puerta del Sol. Cuando cesó el fuego y comenzaron a funcionar los caballos, la guardia polaca llamada noble, y los famosos mamelucos cayeron a sablazos sobre el pueblo, siendo los ocupadores de la calle Mayor los que alcanzamos la peor parte, porque por uno y otro flanco nos atacaban los feroces jinetes. El peligro no me impedía observar quién estaba en torno mío, y así puedo decir que sostenían mi valor vacilante además de la Primorosa, un señor grave y bien vestido que parecía aristócrata, y dos honradísimos tenderos de la misma calle, a quienes yo de antiguo conocía.
Teníamos a mano izquierda el callejón de la Duda; como sitio estratégico que nos sirviera de parapeto y de camino para la fuga, y desde allí el señor noble y yo, dirigíamos nuestros tiros a los primeros mamelucos que aparecieron en la calle. Debo advertir, que los tiradores formábamos una especie de retaguardia o reserva, porque los verdaderos y más aguerridos.
combatientes, eran los que luchaban a arma blanca entre la caballería. También de los balcones salían muchos tiros de pistola y gran número de armas arrojadizas, como tiestos, ladrillos, pucheros, pesas de reló, etc. Pero aquel fuego mal dirigido no nos valía gran cosa, porque los mamelucos habían conseguido despejar a golpes gran parte de la calle, y adelantaban de minuto en minuto. -A ellos, muchachos -exclamó la maja, adelantándose al encuentro de una pareja de jinetes, cuyos caballos venían hacia nosotros.
Ustedes no pueden figurarse cómo eran aquellos combates parciales. Mientras desde las ventanas y desde la calle se les hacía fuego, los manolos les atacaban navaja en mano, y las mujeres clavaban sus dedos en la cabeza del caballo, o saltaban, asiendo por los brazos al jinete. Este recibía auxilio, y al instante acudían dos, tres, diez, veinte, que eran atacados de la misma manera, y se formaba una confusión, una mescolanza horrible y sangrienta que no se puede pintar. Los caballos vencían al fin y avanzaban al galope, y cuando la multitud encontrándose libre se extendía hacia la Puerta del Sol, una lluvia de metralla le cerraba el paso. Perdí de vista a la Primorosa en uno de aquellos espantosos choques; pero al poco rato la vi reaparecer lamentándose de haber perdido su cuchillo, y me arrancó el fusil de las manos con tanta fuerza, que no pude impedirlo. Quedé desarmado en el mismo momento en que una fuerte embestida de los franceses nos hizo recular a la acera de San Felipe el Real. El anciano noble fue heridojunto a mí: quise sostenerle; pero deslizándose de mis manos, cayó exclamando: «¡Muera Napoleón! ¡Viva España.
Aquel instante fue terrible, porque nos acuchillaron sin piedad; pero quiso mi buena estrella, que siendo yo de los más cercanos a la pared, tuviera delante de mí una muralla de carne humana que me defendía del plomo y del hierro. En cambio era tan fuertemente comprimido contra la pared, que casi llegué a creer que moría aplastado. Aquella masa de gente se replegó por la calle Mayor, y como el violento retroceso nos obligara a invadir una casa de las que hoy deben tener la numeración desde el 21 al 25, entramos decididos a continuar la lucha desde los balcones. No achaquen Vds. a petulancia el que diga nosotros, pues yo, aunque al principio me vi comprendido entre los sublevados como al acaso y sin ninguna iniciativa de mi parte, después el ardor de la refriega, el odio contra los franceses que se comunicaba de corazón a corazón de un modo pasmoso, me indujeron a obrar enérgicamente en prode los mios. Yo creo que en aquella ocasión memorable hubiérame puesto al nivel de algunos que me rodeaban, si el recuerdo de Inés y la
consideración de que corría algún peligro no aflojaran mi valor a cada instante. Invadiendo la casa, la ocupamos desde el piso bajo a las buhardillas: por todas las ventanas se hacía fuego arrojando al mismo tiempo cuanto la diligente valentía de sus moradores encontraba a mano. En el piso segundo un padre anciano, sosteniendo a sus dos hijas que medio desmayadas se abrazaban a sus rodillas, nos decía: «Haced fuego; coged lo que os convenga. Aquí tenéis pistolas; aquí tenéis mi escopeta de caza. Arrojad mis muebles por el balcón, y perezcamos todos y húndase mi casa si bajo sus escombros ha de quedar sepultada esa canalla. ¡Viva Femando! ¡Viva España! ¡Muera Napoleón.

Estas palabras reanimaban a las dos doncellas, y la menor nos conducía a una habitación contigua, desde donde podíamos dirigir mejor el fuego. Pero nos escaseó la pólvora, nos faltó al fin, y al cuarto de hora de nuestra entrada ya los mamelucos daban violentos golpes en la puerta. -Quemad las puertas y arrojadlas ardiendo a la calle -nos dijo el anciano-. Ánimo, hijas mías. No lloréis. En este día el llanto es indigno aun en las mujeres. ¡Viva España! ¿Vosotras sabéis lo que esEspaña? Pues es nuestra tierra, nuestros hijos, los sepulcros de nuestros padres, nuestras casas, nuestros reyes, nuestros ejércitos, nuestra riqueza, nuestra historia, nuestra grandeza, nuestro nombre, nuestra religión. Pues todo esto nos quieren quitar.

muera napoleon.

Entretanto los franceses asaltaban la casa, mientras otros de los suyos cometían las mayores atrocidades en la de Oñate. -Ya entran, nos cogen y estamos perdidos -exclamamos con terror, sintiendo que los mamelucos se encarnizaban en los defensores del piso bajo. -Subid a la buhardilla -nos dijo el anciano con frenesí- y saliendo al tejado, echad por el cañón de la escalera todas las tejas que podáis levantar. ¿Subirán los caballos de estos monstruos hasta el techo? Las dos muchachas, medio muertas de terror, se enlazaban a los brazos de su padre, rogándole que huyese. -¡Huir! -exclamaba el viejo-. No, mil veces no. Enseñemos a esos bandoleros cómo se defiende el hogar sagrado. Traedme fuego, fuego, y apresarán nuestras cenizas, no nuestras personas. Los mamelucos subían. Estábamos perdidos. Yo me acordé de la pobre Inés, y me sentí más cobarde que nunca. Pero algunos de los nuestros habíanse en tanto internado en la casa, y con fuerte palancarompían el tabique de una de las habitaciones más escondidas. Al ruido, acudí allá velozmente, con la esperanza de encontrar escapatoria, y en efecto vi que habían abierto en la medianería un gran agujero, por donde podía pasarse a la casa inmediata. Nos hablaron de la otra parte, ofreciéndonos socorro, y nos apresuramos a pasar; pero antes de que estuviéramos del opuesto lado sentimos, a los mamelucos y otros soldados franceses vociferando en las habitaciones principales: oyose un tiro; después una de las muchachas lanzó un grito espantoso y desgarrador. Lo que allí debió ocurrir no es para contado. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo : Benito Pérez Galdós.

Malaga.

En los primeros dias de Agosto de 1812 las tropas francesas de la provincia de Málaga maliciaban que sus jefes superiores organizaban, desde Sevilla, su retirada de nuestro territorio. El 28 de Agosto por la mañana las murallas de Gibralfaro, que se minaba hacia tres dias, saltaron. La marcha de Málaga tuvo tres fases y cada una de ella con dos horas de diferencia. Así, se constatan las dos, las cuatro y las seis de la tarde los momentos que se inicia la marcha segmentada de las tropas francesas. Bajo un terrible calor que tenia secos los cardos del camino y un aire excesivamente calido a causa del tercer y ultimo ciclo del terral de aquel mes de Agosto las tropas emprendieron una marcha penosa, lenta e insufrible. así se reunieron en Antequera dos dias mas tarde y sin molestias ni sorpresa por parte de la tropas nacionales se dirigieron a Granada donde ya se les pierde la pista historica desde Málaga. Termina asi un corto pero intenso periodo de colonizacion francesa en la provincia.



1. Desde enero de 1805 una débil España había establecido una forzada alianza militar con la Francia napoleónica que la llevó a una desastrosa guerra contra Gran Bretaña y que, en la práctica, la dejaba sometida en calidad de aliada subordinada a los designios imperialistas de Bonaparte.

2. El estado español se hallaba en bancarrota económica y el gobierno de la monarquía debilitado por el odio popular, eclesiástico y nobiliario contra el primer ministro Manuel Godoy, duque de Alcudia, y por las pretensiones del príncipe heredero, Fernando, de arrebatar violentamente la corona a su padre, Carlos IV.

3. Napoleón deseaba unificar políticamente Europa bajo los ideales de la Revolución Francesa y la hegemonía política, económica y militar de Francia, recreando una suerte de segundo imperio Carolingio. Tras destronar a los sucesivos monarcas absolutos de Europa, Bonaparte había establecido una política agresiva de implantación de nuevos monarcas franceses, ligados a su familia, en cada país.

4. Dominada Europa tras sucesivas campañas militares y alianzas forzosas, sólo Gran Bretaña, gracias a su insularidad, resistía el dominio de Napoleón. Imposibilitada su invasión tras la derrota de Trafalgar, Bonaparte estableció el Bloqueo Continental, prohibiendo que cualquier país comerciara con las Islas para ahogarlas económicamente.

5. Portugal, aliado subordinado tradicional de Gran Bretaña, se negó. En virtud del Tratado de Fontainebleau, Bonaparte obligó a España a consentir la entrada de un Ejército francés de invasión. Aprovechando las discordias internas del gobierno español, los 30.000 soldados permitidos se elevarían pronto a más de 120.000, en un claro intento de invasión encubierta de la propia España.


6. Tras los sucesos del Motín de Aranjuez en 1808, que llevan a la caída de Godoy, y la abdicación forzada del trono de España de Carlos IV a favor de su hijo Fernando, Napoleón decide destronar por la fuerza a los Braganza en Portugal y a los Borbones en España para asentar en los dos países monarcas franceses y asegurar su alianza y la puesta de todos sus recursos demográficos, económicos y militares al servicio de Francia.

7. Llegadas las noticias de Aranjuez, en Madrid tienen lugar, el sábado 19 y el domingo 20 de marzo, numerosos disturbios populares en los que el pueblo madrileño toma las calles en apoyo a Fernando VII; numerosos inmuebles de personalidades afines al rey padre y a Godoy son asaltadas e incendiadas. Los Madrileños comprueban que con su actuación violenta popular sobre las calles pueden influir en los designios de sus atemorizados gobernantes.

8. En Bayona, a la que ha hecho acudir a Carlos IV y a Fernando con engaños, Bonaparte hace abdicar a los dos de la corona de España que entregará a su hermano mayor, José Bonaparte. En Madrid, la presencia de más de 20.000 soldados franceses en actitud cada vez más arrogante y desafiadora, va encrespando los ánimos de los madrileños en los últimos días de abril.

9. La Junta de Gobierno dejada en Madrid por Fernando VII, minada por la nulidad, cobardía y el afrancesamiento de varios de sus miembros, se ve impotente tanto para defender los derechos a la corona de Fernando como para detener la invasión militar francesa, por el momento pacífica. Varias conspiraciones cívico militares españolas profernandinas en contra de Bonaparte son desbaratadas por las propias autoridades españolas.

10. El lunes Dos de Mayo,las capas más populares del Pueblo de Madrid, en un clamor violento de indignación antifrancesa, se echan en la calle ante el Palacio Real para impedir la marcha del último infante real. La violenta represión francesa no hace más que extender el sangriento motín por toda la ciudad.

11. Durante cuatro horas, los franceses pierden el control de la ciudad sufriendo más de medio centenar de bajas entre muertos y heridos. Las autoridades españolas impiden salir a combatir a las débiles tropas españolas de guarnición. El pueblo, solo y sin armas, se enfrenta sangrientamente a los franceses. Apenas unas docenas de artilleros e infantes españoles del Parque de Monteleón desobedecen las órdenes uniéndose al pueblo y entregándole armas.

12. A las dos de la tarde el motín ha sido sofocado en sangre por más de 20.000 soldados franceses. En la lucha morirán y serán ejecutados ante los pelotones de fusilamiento imperiales 410 madrileños (de entre ellos 57 mujeres y 13 niños, también 40 militares españoles). Otros dos centenares largos serán heridos.

13. Días después serán conocidas las Renuncias de Bayona. El Gobierno español y los altos mandos militares acatarán la decisión. Sin embargo, el pueblo español y las autoridades locales y provinciales se rebelarán contra los designios del Emperador. Las noticias de la sangre vertida en Madrid irán llegando a todos los rincones de España. La mecha de la revolución contra las autoridades afrancesadas españolas, y de la guerra contra el Imperio que dominaba Europa, se desata.

14. Seis años después y con casi un millón de muertos, España, convertida ya en Nación merced a la Constitución de 1812, vence, unidos sus soldados, sus guerrilleros y su pueblo, la guerra, expulsando a los franceses de la Península con el auxilio de sus aliados británicos y portugueses.



Manuel Godoy «Pan y luces, que traen el pan y preparan los tiempos», tal fue su política y la causa de su perdición. Demonizado hasta el paroxismo por la Iglesia y por la aristocracia del Viejo Régimen, el Príncipe de la Paz quiso llevar la Ilustración al extremo, patrocinó las Ciencias, las Artes, la Educación, la Industria, los Viajes, abolió las corridas de toros, quiso hacer lo mismo con la Inquisición, fue el hijo que hubieran querido Carlos IV y María Luisa, sobrevivió al linchamiento de las turbas fernandinas y fue condenado al exilio perpetuo, por el que aún vaga. María Luisa de Parma Salvó la vida a Godoy, su hijo electo, dando la brasa a Murat con cartas implorantes y conmovedoras. Refinada, culta y, en consecuencia, desubicada. Infante Don Antonio Tío del anterior y de similar catadura, quedó responsable de la gobernación de España cuando Fernando corrió a Bayona en busca del refrendo de Napoleón al golpe de Estado contra su padre. De carácter brutal, llamaba a María Luisa 'la sabandija'. Conde de Montijo El acaudalado terrateniente Eugenio Palafox y Portocarrero, disfrazado de paleto y haciéndose llamar Tío Pedro, dirigió a la chusma en el golpe de Aranjuez y preparó el ‘espontáneo’ levantamiento del 2 de Mayo en Madrid para presionar a Napoleón en favor de Fernando. Domingo Badía i Leblich Culto, ilustrado, aventurero y políglota, desplegó en los países árabes, comisionado por Godoy, una deslumbrante acción diplomática en beneficio de España bajo la personalidad ficticia de Ali Bey, príncipe Abassida. José I le nombró Prefecto de Córdoba para llevar algún consuelo a sus habitantes y disputarle el poder que ejercía Soult como un bandido. Tomás de Morla. General tránsfuga. Primero, desde el bando sublevado, instigó para que se incumplieran los términos acordados con los prisioneros de Bailén, pero luego, cuando la chusma asesinó al Marqués de Perales, entregó Madrid sin lucha a Napoleón y abrazó la causa de José, convencido de que de la turbamulta no podría salir nada bueno. José María de Lanz Sucesor de Ali Bey en la Prefectura de Córdoba, el padre de la cinemática industrial y autor del extraordinario 'Essai sur la composition des machines', poco más pudo hacer que atenuar el hambre de los cordobeses con el cultivo intensivo de la patata. José I El rey que no pudo reinar, pese a ser el mejor, con mucho, de cuantos le ha tocado padecer a España. Hombre liberal, exquisito, instruido, pacífico y amable, agavilló en torno suyo a los ilustrados de Godoy, a los liberales no fernandinos, a los prerepublicanos y a los demócratas. Succionado por el torbellino de la guerra, fue, como español converso, un gran patriota de su nueva e imposible tierra. Napoleón Al Capone, que se había mirado desde chico en su espejo, dijo de él, no obstante, que para gran hombre había resultado ser demasiado pequeño. Su error con España: haberla despreciado y tratado con crueldad. Godoy escribió en sus ‘Memorias’: «Pasó como un meteoro, luminoso y sangriento». Agustina de Aragón Representados en ella todos los héroes y las víctimas de la guerra salvaje que dejó un germen de violencia en España que no dejó de reproducirse durante más de un siglo en guerras civiles. Y representadas en ella, particularmente, las mujeres, que tanto las sufrieron. Carlos IV De natural bonancible, tirando a tontorrón, los médicos le prescribieron extenuantes caminatas cinegéticas para atemperar su furor sexual.

Apasionado de los relojes, su misterioso latido le distrajo de una realidad que como rey, pero no más que la mayoría de sus antecesores, contribuyó a hacer penosa. Fernando VII Su gran afición infantil, la única que conseguía movilizar sus potencias, era la de torturar minuciosamente a los pajarillos de las frondas de los Reales Sitios. Semejante ejercicio le permitiría, en la edad adulta, torturar a España en su conjunto. Felón, cobarde, depravado, traidor, su pobre madre llegó a la conclusión de que era un marrajo. Duque del infantado De la más rancia y rica aristocracia castellana, fue uno de los más destacados conspiradores fernandinos contra las Luces y contra Godoy. Tras jurar en Bayona lealtad a José I, desertó al campo insurgente y mandó tropas con absoluto desprecio del arte militar y de la vida de sus soldados. Obispo de La odisea. Conspicuo miembro de la ‘patriótica’ Junta Suprema de Sevilla y adalid de la Cruzada contra el impío francés, firmó una proclama apocalíptica en la que decía que si bien el objetivo de la guerra era liberar España, era preferible, en caso de no poder conseguirlo, convertirla «en un inmenso sepulcro donde los cadáveres franceses y españoles amontonados enseñen a los siglos venideros tanto el heroísmo de los oprimidos como el castigo a sus opresores». Murat Cuñado de Napoleón, Gran Duque de Berg y aspirante al trono español, dirigió en Madrid la brutal represión contra los insurgentes del 2 de Mayo. Sus uniformes detonantes e imposibles debieron inspirar a Goering, tiempo después, los suyos. 'El Empecinado' Juan Martín, valiente guerrillero que, por liberal, fue condenado a muy mala muerte por Fernando el Séptimo, el Deseado, en su retorno a la España que por su causa se había abismado durante seis años en el infierno.

lunes, 10 de mayo de 2010




El proceso de la Independencia de México fue uno de los más largos de América. La Nueva España permaneció bajo el control de la Corona por tres siglos. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, ciertos cambios en la estructura social, económica y política de la colonia llevaron a una élite ilustrada de novohispanos a reflexionar acerca de su relación con España. Sin subestimar la influencia de la Ilustración, la Revolución francesani la independencia de Estados Unidos, el hecho que llevó a la élite criolla a comenzar el movimiento emancipador fue la ocupación francesa de España, en 1808. Hay que recordar que en ese año, Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de Napoleón Bonaparte, para después cederla a su hermano José Bonaparte, de modo que España quedó como una especie de protectorado francés.
En las colonias españolas en
América, se formaron varias juntas que tenían como propósito conservar la soberanía hasta que regresara el rey Fernando VII al trono. Nueva España no fue la excepción (encabezados por Francisco Primo de Verdad y Ramos), la diferencia es que el primer intento de este tipo concluyó con la destitución del virrey y la sujeción del Ayuntamiento de México a la autoridad directa de la nueva cabeza de la colonia (que a diferencia de Iturrigaray, no simpatizaba con la Junta). Tal situación llevó a los criollos a radicalizar su posición. Finalmente, el núcleo donde hubo de comenzar la guerra por la independencia fue Dolores, Guanajuato, luego que la conspiración de Querétaro fue descubierta. Aunque aquel 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra apoyado por una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito de "¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muerte al mal gobierno!", finalmente la revolución le llevó por otro camino y se convirtió en lo que fue: una guerra independentista.
El conflicto duró once años y distó mucho de ser un movimiento homogéneo. Como se ha dicho, al principio reivindicaba la soberanía de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero con el paso del tiempo adquirió matices republicanos. En 1813, el
Congreso de Chilpancingo (protegido por el generalísimo José María Morelos y Pavón) declaró constitucionalmente la independencia de la América Mexicana. La derrota de Morelos en 1815 redujo el movimiento a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz. Por esas fechas, Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y de esta suerte se consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821. España no la reconoció formalmente hasta diciembre de 1836 y de hecho intentó reconquistar México, sin éxito.
La ex colonia española pasó a ser una efímera monarquía constitucional católica llamada
Imperio Mexicano. Finalmente fue disuelto en 1823, cuando luego de varios enfrentamientos internos y la separación de Centroamérica, se convirtió en una república federal.


situacion de españa.
Este factor fue determinante, pues el clero español sabía que si Napoleón tomaba el poder en España, al tener una ideología diferente al catolicismo, perdería su poder sobre el pueblo, por esta razón también el cura Miguel Hidalgo y Costilla junto con el padre José María Morelos y Pavón iniciaron la lucha armada, para que el poder de Napoleón no afectara directamente al clero de la Nueva España.
La invasión de Portugal por parte de las tropas de Napoleón en 1807 obligó la huida de la Casa de Braganza a Brasil. En España, este suceso había provocado la división de la familia real española. Instigado por Manuel Godoy, el príncipe de Asturias había planeado un complot para destituir a sus padres de la corona. Finalmente, logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de 1808. Tal suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos IV a declarar nula su abdicación. Aunque Fernando VII intentó formar un gobierno propio y organizar España, Napoleón le condujo con engaños a Bayona, donde el 5 de mayo de 1808 lo forzó a cederla corona a su padre, para que luego éste la entregara al francés.

juntas en queretaro.
En la zona de El Bajío, comenzaron a organizar una conjura en San Miguel el Grande los capitanes Ignacio Allende y Mariano Abasolo quienes habían tenido contacto, el año anterior, con los conspiradores de Valladolid, José Mariano Michelena y José María García Obeso. Las reuniones se trasladaron a la ciudad de Querétaro, en donde se sumaron un grupo de letrados, pequeños comerciantes y más militares del ejército colonial. Este grupo celebraba juntas disfrazadas de "academia literaria". Entre sus miembros se encontraban el cura Miguel Hidalgo y Costilla, el pequeño industrial Juan Aldama, el corregidor de la ciudad José Miguel Domínguez con su esposa Josefa Ortiz de Domínguez, el presbítero José María Sánchez, los abogados Parra, Altamirano y Laso, Francisco Araujo, Antonio Téllez, Ignacio Gutiérrez, los comerciantes Epigmenio y Emeterio González, el regidor Villaseñor Cervantes, el capitán Joaquín Arias, el teniente Francisco Lanzagorta y el teniente Baca. La organización de los conspiradores contemplaba en el mando de Allende como general, Aldama como segundo e Hidalgo al frente del movimiento popular, sus primeros pasos serían la destitución de todos los españoles en los puestos de gobierno, apoyados por un levantamiento que se llevaría a cabo el 1 de octubre,[64] para lo cual se prepararon lanzas, espadas y municiones que almacenaron en San Miguel el Grande, Dolores y Querétaro
Pero la Conspiración de Querétaro fue denunciada, el 9 de septiembre, por el empleado de correos José Mariano Galván. Al día siguiente, el propio capitán Joaquín Arias, al creer que todo estaba perdido, se autodenunció ante el alcalde Juan Ochoa . Otras denuncias llegaron a oídos del comandante Ignacio García Rebolledo, de esta manera se presionó al corregidor Domínguez para catear la casa de los hermanos González. En lugar se encontró armamento almacenado, en consecuencia Epigmenio y Emeterio fueron aprehendidos. Josefa Ortiz tuvo tiempo de enviar como mensajero al alcalde Ignacio Pérez para poner en sobre aviso a los conspiradores que se encontraban en San Miguel el Alto.


iniciacion de la independencia.
Pérez cabalgó la noche del 15 de septiembre hasta San Miguel logrando contactar a Juan Aldama, quien de inmediato se trasladó a Dolores, lugar al que llegó en la madrugada del 16 de septiembrepara informar las malas noticias a Allende e Hidalgo. Después de un intercambio de opiniones, el cura exclamó: "Si, lo he pensado bien, y veo que estamos perdidos y que no queda más recurso que ir a coger gachupines". Con ayuda de ochenta presos, que liberaron de la cárcel, capturaron al delegado Rincón, se dirigieron al atrio de la Iglesia, tocaron las campanas, Hidalgo pronunció un discurso explicando que el movimiento al que incitaba era para derribar al mal gobierno, quitando del poder a los españoles que trataban de entregar el reino a los franceses, le ofreció a la población que se dejarían de pagar tributos, ofreciendo a quienes participaran un peso diario si llevaban caballo y la mitad a los de a pie. Se aprehendieron a diecinueve españoles. Se juntaron más de seiscientos hombres, a quienes se les repartieron lanzas y machetes, Hidalgo arengó a la población, las palabras exactas que pronunció,



primeros avances militares
Entre 1785 y 1786, en Nueva España se había producido una de las crisis agrícolas más grandes de su historia, provocando una hambruna en la que murieron cerca de 300 000 personas. Entre 1808 y 1809 una grave sequía en El Bajío había reducido las cosechas, por consiguiente los alimentos habían cuadruplicado sus precios, por otra parte, las guerras en Europa habían provocado escasez y desempleo. Los campesinos vieron en Hidalgo a un líder que podría conducirlos a una vida mejor, de esta forma los insurgentes lograron conseguir adeptos muy rápidamente.
Contaba además, con los refuerzos que pudieran proveerle Allende y Mariano Abasolo, oficiales del Regimiento de Dragones de la Reina en San Miguel el Grande. Acompañado de esta tropa, cuya magnitud se desconoce, se dirigieron primero a Atotonilco, donde tomaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que fue considerado el emblema del movimiento. Ahí nuevamente Hidalgo arengó a su tropa, con el grito de "¡Viva la Virgen de Guadalupe , viva Fernando VII!", la población respondía "¡Viva la América y mueran los gachupines!".
Al paso de los insurgentes por las poblaciones del oriente de Guanajuato, se unieron mineros y peones de las haciendas aledañas, algunos pocos llevaban armas de fuego, pero la mayoría estaban armados con machetes, lanzas, palos, garrotes, hondas y piedras. El 21 de septiembre, cuando llegaron a las inmediaciones de Celaya, su fuerza era de veinte mil hombres. Seguidos por los soldados y la masa del pueblo, Hidalgo y Aldama marcharon a la cabeza del contingente enarbolando un retrato de Fernando VII. Al llegar a la ciudad, sonó un disparo y la plebe comenzó a realizar un saqueo en la ciudad. Los soldados comandados por Aldama intentaron inútilmente contener la acción. En esa población, Miguel Hidalgo fue nombrado capitán general, quedando al mando del ejército por encima de Allende —que sin duda era más hábil en lo que se refiere a táctica militar— a quien se le nombró teniente general. De Celaya, los insurgentes salieron con rumbo noroeste y en su camino se apoderaron de Salamanca, Irapuato y Silao. Cuando llegaron a las inmediaciones de Guanajuato, el 28 de septiembre, el número de los rebeldes había aumentado considerablemente. La mayor parte de las clases altas urbanas de Nueva España vieron al principio con buenos ojos la revolución encabezada por Hidalgo, pero a medida que se evidenció que los jefes insurgentes no podían contener a sus seguidores, el apoyo se fue desvaneciendo, incluso el mismo Ignacio Allende comenzaba a ver con recelo a Hidalgo, a quién más tarde acusaría de haberse dejado llevar por la plebe



Batalla del monte de las cruces.

Los insurgentes avanzaron hacia Toluca para llegar a la antesala poniente de la Ciudad de México en el Monte de las Cruces. Con el propósito de hacer frente a la rebelión, el teniente coronel Torcuato Trujillo con un destacamento realizó reconocimientos en el área de Ixtlahuaca, pero al confirmar el avance del numeroso ejército que comandaba Hidalgo prefirió tomar posiciones con en el mayor Mendívil, en Lerma y en el puente de Atengo. Los rebeldes arrollaron la posición del puente avanzando por Santiago Tianguiste. Un grupo comandado por el capitán Bringas llegó a la escena para apoyar a Trujillo. La batalla se libró en el bosque, las fuerzas insurgentes dirigidas por Abasolo, Jiménez y Allende realizaron el ataque en un movimiento envolvente, logrando la victoria. Cuando se agotaron las municiones, los defensores huyeron a la Ciudad de México bajando por Cuajimalpa y Santa Fe; entre los sobrevivientes marchaba Agustín de Iturbide. Durante el combate murieron más de cinco mil hombres, con bajas semejantes para ambos bandos.
En la capital, Venegas preparó la defensa, exaltó a los habitantes enarbolando la imagen de la Virgen de los Remedios. El 31 de octubre, Jiménez y Abasolo bajaron con una bandera blanca para negociar la capitulación con el virrey, pero éste respondió con una negativa, esperando la próxima llegada de los ejércitos virreinales comandados por Calleja y Flon. Por razones que son desconocidas, el generalísimo prefirió volver a la capital de Michoacán, esta decisión provocó la deserción de la mitad de las tropas e inció el distanciamiento con Allende quien no estuvo de acuerdo con la determinación de Hidalgo.

Batalla de Guanajuato.
Hidalgo en lugar de permanecer más tiempo en Valladolid se dirigió hacia Guadalajara desviándose del plan acordado con Allende, quien se lo reprochó pues contaba con la ayuda de recibir refuerzos del generalísimo en Guanajuato. Esta acción provocó un distanciamiento entre los jefes insurgentes, la cual se acrecentó cuando Allende se enteró que Hidalgo —cediendo al deseo de las masas populares— había ordenado el fusilamiento de cuarenta españoles en Valladolid, y cuando se percató que el cura había dejado caer en el olvido la figura de Fernando VII.
El ejército virreinal al mando de Calleja y Flon vencieron a las tropas de Allende en la Batalla de Guanajuato obligando a los insurgentes a escapar. Entre los habitantes que permanecieron en la ciudad se corrió el rumor de que el ejército virreinal estaba próximo a entrar a la ciudad y que pasaría a cuchillo a todo aquel que hubiese apoyado a los rebeldes. Algunos pobladores asustados y encolerizados, decidieron asesinar a ciento treinta y ocho españoles que se encontraban presos en la Alhóndiga de Granaditas.[113] Cuando Calleja se enteró de esta matanza, dio la orden a su tropa de entrar a degüello por la ciudad, la cual fue obedecida y sólo detenida por las incesantes súplicas del padre Jesús Belaunzarán. Poco despúes, Flon y Calleja ordenaron fusilar a más de treinta sospechosos de haber participado en la rebelión, además se levantó un cadalso en el cual fueron ahorcados otros treinta y dos simpatizantes de los insurgentes.



Batalla del monte de las cruses.
A principios de noviembre de 1810, José Antonio Torres logró imponerse sobre la poca resistencia que ofrecieron las fuerzas virreinales en La Barca y en la Batalla de Zacoalco.Con una fuerza de veinte mil hombres entró a la ciudad de Guadalajara el 11 de noviembre. Casi de inmediato José María Mercado fue comisionado para tomar las plazas de Tepic y San Blas, objetivos que logró, sin disparar un solo tiro el 28 de noviembre y el 1 de diciembre respectivamente. Pero en la zona del Bajío, las plazas que habían sido tomadas por los insurgentes fueron recuperadas por el ejército virreinal. Las jefes insurgentes se reunieron nuevamente cuando Hidalgo llegó a Guadalajara el 26 de noviembre y Allende el 12 de diciembre.
Durante su estancia en Guadalajara, Hidalgo publicó un bando aboliendo la esclavitud, derogó los tributos a las castas, eliminó los estancos de la pólvora y del tabaco, así como las cajas de comunidad y pensiones que se exigían a los indígenas. Hizo publicar el periódico independiente El Despertador Americano. Los insurgentes trataron de organizar un gobierno, nombraron a José María Chico como ministro de Justicia y de Gracia, a Ignacio López Rayón como ministro de Estado y Despacho, y a Pascasio Ortiz de Letona como ministro plenipotenciario ante el congreso de los Estados Unidos con el objetivo de buscar una alianza militar y económica. Durante esas fechas, Hidalgo escribió el borrador del Manifiesto sobre la autodeterminación de las naciones:
«Cuando yo vuelvo la vista por todas las naciones del universo y veo que quieren gobernarse por individuos de su misma nación, no puedo menos creer que ésta es una idea impresa en ella por el Dios de la naturaleza. El francés quiere ser mandado por francés; el inglés, por inglés; el italiano, por italiano; el alemán, por alemán...Esto entre las naciones cultas. Y entre los bárbaros de América, el apache quiere ser gobernado por apache; el pima, por pima; el tarahumara, por tarahumara, etcétera. ¿Por qué a los americanos se les ha de privar del goce de esta prerrogativa? Hablad, españoles injustos, ¿por qué no queréis que gocemos lo que Dios ha concedido a todos los demás hombres? Vosotros, indignos de llamaros humanos, ¿por qué nos queréis privar de las dulzuras de la independencia?»
Miguel Hidalgo, diciembre de 1810.
Hidalgo escuchó la denuncia de una conspiración que se fraguaba por parte de los españoles de Guadalajara para entregar la ciudad al ejército de Calleja, el cual se aproximaba. Sin mayor preámbulo el generalísimo ordenó la ejecución de ochenta sospechosos en el cerro de la Bateas. Las matanzas se continuaron realizando de manera furtiva por parte del coronel Vicente Loya y algunos de sus hombres alcanzando la cifra de trescientas cincuenta víctimas. Allende y Aldama reclamaron airadamente esta acción, pero Hidalgo fue condescendiente con los asesinos. Este evento fue el punto límite que provocó el distanciamiento de Allende con el generalísimo.
Al saber del avance de las tropas virreinales hacia Guadalajara, se celebró una junta de guerra. Allende propuso dejar entrar libremente al contingente de Calleja en la ciudad, para que una vez que estuviera dentro, emboscarlo por todas direcciones; pero Hidalgo decidió que la opción sería combatir en las afueras de la ciudad. Un ejército de reserva, comandado por José de la Cruz y Pedro Celestino Negrete, avanzaba también hacia Guadalajara. Hidalgo ordenó a Ruperto Mier marchar con dos mil hombres para detener este otro avance. Estas fuerzas se confontaron en la Batalla de Urepetiro con la consecuente derrota de los insurgentes.
El 16 de enero, noventa y tres mil insurgentes tomaron posiciones en los alrededores del Puente de Calderón, el día 17 de enero de 1811, el ejército virreinal conformado por ocho mil hombres al mando de Calleja y Flon llegaron al lugar dando inicio a la Batalla del Puente de Calderón.[ Después de seis horas de combate, una granada cayó en el carro de municiones de los insurgentes. La detonación provocó pánico y una estampida de los rebeldes quienes "como palomas" huyeron atropelladamente perdiendo sus posiciones y dando la victoria a los virreinales.
Con un número reducido de tropa, los insurgentes se vieron obligados a huir hacia Aguascalientes, en la hacienda del Pabellón, Hidalgo fue relevado de su cargo de generalísimo.[ Allende dirigió la tropa hacia Zacatecas, sin encontrar ayuda en esa ciudad decidieron dirigirse hacia el Saltillo, lugar que mediante la Batalla de Aguanueva había logrado tomar José Mariano Jiménez. Decidieron buscar el apoyo de las provincias septentrionales de la Nueva España. Por otra parte, cuando José de la Cruz llegó a Guadalajara, fue comisionado para enfrentar a José María Mercado en Tepic, a quien derrotó el 31 de enero de 1811.


campaña de puebla.
Nuevas rebeliones insurgentes dirigidas por Juan Nepomuceno Rosáins, Máximo Machorro, Camilo Suárez, Vicente Gómez se iniciaron en Chalchicomula, Huamantla, Atlixco, Tepeaca y Tehuacán, las cuales fueron combatidas por el brigadier realista Olázabal. Estas fuerzas insurgentes siguieron combatiendo en la zona de Acultzingo. Mientras tanto, en Yautepec, Gabriel Armijo liquidó a Francisco Ayala, y Valerio Trujano fue atacado durante el Sitio de Huajuapan por el general realista José María de Régules Villasante desde el 5 de abril. El 4 de julio, Hermenegildo Galeana logró derrotar a José María Añorve en la Batalla de Zitlala. Morelos fue informado de la situación en la que se encontraba Trujano, de inmediato acudió al lugar logrando romper el sitio el 24 de julio, el cual tuvo una duración mayor a cien días. A finales de septiembre las fuerzas de Morelos prosiguieron su avance hacia Tepeaca y Tehuacán.
Trujano fue atacado y derrotado por el capitán realista Saturnino Samaniego en el rancho de la Virgen en las inmediaciones de Tepeaca, el insurgente que había resistido el largo sitio de Huajuapan murió el 7 de octubre.[187] El 28 de octubre, Morelos logró con éxito la Toma de Orizaba, provocando la huída del coronel José Antonio Andrade, pero abandonó el lugar el 31 de octubre al saber que un contingente dirigido por el coronel Luis de Águila se aproximaba a la ciudad. Morelos concentró sus fuerzas en Tehuacán, contando con cinco mil hombres y cuarenta cañones bajo los mandos de Mariano Matamoros, los tres Galeanas, Miguel y Victor Bravo, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, y Manuel Mier y Terán juntos marcharon hacia Oaxaca el 10 de noviembre de 1812.
Toma de oaxaca.
El 25 de noviembre, Morelos y su ejército ocuparon la ciudad de Oaxaca la cual era defendida por el teniente general Antonio González Saravia y José María de Régules Villasante, quienes después de la derrota fueron capturados y fusilados. En la ciudad se instituyó un gobierno autónomo, José María Murguía fue nombrado intendente. Se fundó el periódico Correo Americano del Sur cuya redacción inicial estuvo a cargo del cura José Manuel de Herrera. El gobierno insurgente de la ciudad de Oaxaca duró de 1812 hasta 1814 cuando fue recuperada la población por el ejército realista. Fue la primera y única vez en que Morelos pudo tomar el control de una ciudad importante. Fue en esta plaza donde Morelos recibió los Elementos constitucionales redactados por Ignacio López Rayón, entre los puntos más importantes destacaron:
1.- La América es libre e independiente de toda otra nación.
2.- La religión católica será la única sin tolerancia de otra.5.- La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del señor don Fernando VII y su ejercicio en el Supremo Congreso Nacional Americano.24.- Queda enteramente proscrita la esclavitud.
Elementos constitucionales de Ignacio López Rayón.
Morelos fue nombrado el cuarto vocal de la Junta de Zitácuaro, pero se deslindó finalmente de la tesis fernandista, mediante una carta en la que solicitó "que se le quitara la máscara a la independencia, porque ya todos sabían la suerte de Fernando VII".
Mientras tanto, Nicolás Bravo se situó en el Puente del Rey sobre la carretera de Veracruz a Xalapa, entorpeciendo el tráfico de los realistas y secuestrando recursos materiales. Ramón López Rayón venció en Jerécuaro a José Mariano Ferrer. Los vocales de la Junta actuaron cada uno por su cuenta en distintas regiones: José Sixto Verduzco permaneció en la zona de Michoacán en Uruapán, Pátzcuaro y Tancítaro, fue perseguido constantemente por Pedro Celestino Negrete y Luis Quintanar; Ignacio López Rayón se trasladó a la intendencia de México, realizó operaciones militares en Ixmiquilpan y se reunió en Huichapan con Julián Villagrán para saber los pormenores de las actividades que este había realizado en San Juan del Río y Zimapán; y José María Liceaga se internó en el territorio de Guanajuato, fue perseguido por Agustín de Iturbide en Yuriria, al ser derrotado, tuvo que trasladarse al Valle de Santiago para reclutar gente en compañía de José María Cos. Los vocales reclamaron cada uno para sí la jefatura de la Junta, entraron en una discusión que finalmente condujo a la desaparición de facto de este órgano de gobierno hacia la primera mitad de 1813, fue el doctor Cos quien trató de reconciliarlos




Consumacion de la independencia.
Después de más de diez años de lucha, se estima que habían muerto más de un millón de personas en Nueva España, es decir una sexta parte de la población. Los gastos de guerra en España y en América pusieron al reino en la bancarrota. En España, la revolución iniciada por Rafael de Riego dio inicio al Trienio Liberal, de esta forma se restauró la vigencia de la Constitución de Cádiz. Fueron impuestas medidas anticlericales para restar el poder de la Iglesia, entre ellas la expulsión de los jesuitas, la abolición de diezmo y de la Inquisición. Cuando la elite de Nueva España vio afectados sus intereses intentó rechazar la forma de gobierno liberal. Una serie de reuniones encabezadas por el canónigo Matías de Monteagudo tuvieron lugar en el oratorio de San Felipe Neri, fueron conocidas bajo el nombre de Conspiración de la Profesa. Los conspiradores vieron en Agustín de Iturbide a un jefe militar capaz de dar un giro a la lucha de Independencia, la cual en lugar de tener el matiz popular, que habían abanderado Hidalgo y Morelos, se convirtió en un proyecto de elites que deseaban devolver a Fernando VII su poder absoluto.

Iturbide y Fernando VII de España
En lo que supuestamente iba a hacer la última campaña realista contra los insurgentes, el virrey Juan Ruiz de Apodaca mandó una fuerza comandada por el realista criollo Agustín de Iturbide a vencer al ejército de Guerrero en Oaxaca. Iturbide, hijo nativo de Valladolid, se hizo famoso por la pasión con la que perseguía a las fuerzas de Hidalgo y Morelos durante los primeros años de la lucha por la independencia. Favorito entre la jerarquías de la Iglesia mexicana, Iturbide era la encarnación del criollo conservador perfecto: pío, religioso, y dedicado a la protección de la propiedad privada y de los privilegios sociales. Sin embargo, Iturbide estaba insatisfecho: carecía de alto rango militar y de riquezas.
La misión de Iturbide en Oaxaca coincidió con un exitoso golpe militar en España contra el nuevo monarca, Fernando VII. Los líderes del golpe, que habían sido reunidos como una expedición militar para suprimir los movimientos independistas en las Américas, obligaron el rey Fernando a firmar la constitución liberal de 1812. Cuando las notícias de los acontencimientos llegaron a México, Iturbide las entendió como un peligro al status quo y una oportunidad para que los criollos tomaran el control de México. Irónicamente la independencia de México fue consumada cuando las fuerzas conservadores en la colonia decidieron levantarse en contra del breve régimen liberal en la madre patria. Después de enfrentarse a Guerrero, Iturbide cambió sus lealtades e invitó al líder rebelde a una junta para discutir los principios de un regenerado movimiento insurgente.
En Iguala, Agustín de Iturbide proclamó tres principios o garantías al México independiente: México sería una nación independiente gobernada por un monarca europeo; criollos y peninsulares tendrían los mismos derechos y privilegios; y la iglesia católica continuaría teniendo sus privilegios y el monopolio religioso en México. Después de convencer a sus tropas que aceptaran estos principios, que fueron proclamados el 24 de febrero de 1821 como el Plan de Iguala, Iturbide persuadió a Guerrero a que unieran sus fuerzas a favor de la nueva manifestación conservadora del movimiento de independencia. Un nuevo ejército, el ejército de las Tres Garantías, fue puesto bajo el comando de Iturbide para defender el Plan de Iguala. El plan satisfizo a liberales y conservadores: la meta de la independencia y la protección de la iglesia católica hicieron posible que todos se unieran al movimiento independentista.








































Acta de independencia.

El Acta de Independencia del Imperio Mexicano fue firmada el 27 de septiembre de 1821 por los miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, entre los cuales destacan: Antonio Joaquín Pérez Martínez, obispo de la Puebla de los Ángeles; Juan de O'Donojú, teniente general de los ejércitos españoles, Juan Orbegoso, coronel de los ejércitos nacionales; Pedro José Romero de Terreros, Conde de Jala y Regla, Marqués de San Cristóbal y de Villa Hermosa de Alfaro, gentil hombre de cámara con entrada y capitán de albarderos de la guardia del Virrey; Anastasio Bustamante, coronel del Ejército de Dragones de San Luis, y por los miembros de la Regencia del Imperio mexicano: Agustín de Iturbide, presidente; Juan O'Donojú, Manuel de la Bárcena, José Isidro Yañez y Manuel Velásquez de León (segundo, tercero, cuarto y quinto regente, respectivamente).